lunes, 12 de enero de 2015

¡BRINDO POR LA VIDA…!: MURGIA

José Murgia emocionó a los asistentes en el homenaje que le hicieron por su cumpleaños...

Ambas naves de la Catedral de Trujillo presentaban personas de pie porque  la totalidad de las bancas estaban ocupadas, mientras un coro de voces femeninas entonaba melodías celestiales.
             
Fue el instante que el arzobispo Manuel Cabrejos Vidarte derramó la bendición, en nombre del Papa Francisco, a José Murgia Zannier el día de su onomástico dando por terminado el oficio religioso en su homenaje.
             
Enseguida se formó una interminable fila conformada por autoridades, funcionarios y amigos en la puerta principal del templo para expresarle su afectuoso saludo.
             
Más tarde, en el Mochica, previo al tradicional desayuno, varios asistentes destacaron la trayectoria política y calidad humana del ex alcalde de Trujillo y ex presidente regional de La Libertad.
             
A su turno, Amelia Calderón de Ferrer, pujante regidora durante su primera gestión municipal, contagiada tal vez por las anécdotas que publicó PRENSA VIRTUAL TRUJILLO la semana pasada, empezó contando una.
             
-- Me disponía ingresar al palacio municipal y encontré a dos humildes señoras que pugnaban por entrar.
            
-- ¿Por qué no pasan…?, les pregunté.
             
-- Porque no tenemos cita, contestaron al unísono.
             
Y agregaron: Todos los meses venimos para que el ingeniero Murgia nos dé nuestra cuota para hacernos la quimioterapia…
             
-- Casi se me rompe el corazón, refirió Amelia, así que no tuve más que ordenar que las dejaran ingresar.
             
Complementó diciendo: Ese es Pepe Murgia. Es el hombre inédito…
             
-- Él, es de aquellos pocos que nacieron para ayudar al prójimo, al hermano, hasta caer rendido.
           
-- Has sido un triunfador. Gracias Pepe en nombre de Trujillo… sentenció.
             
Raúl Lozano Ibáñez, rector de la UPAO, ex diputado y ex alcalde de El Porvenir, tuvo a su cargo las palabras de ofrecimiento.
             
Recordó que, durante la alcaldía de Jorge Torres Vallejo, tuvo a Murgia como teniente alcalde. Era alto, delgado, colorado y bien parecido…, señaló.
            
-- Cierto día que se inauguraba una pequeña obra en El Porvenir, al término de la ceremonia los asistentes improvisaron una fiesta.
            
-- Pusieron huaynos, dijo, y la gente empezó a danzar.
             
-- Una dama me sacó al centro, cuenta Lozano, y yo, como buen machino, empecé a moverme.
             
-- De repente el público, dirigiéndose a Pepe, comenzó a gritar: ¡Que baile el “alcalde” de Trujillo…! ¡Que baile el “alcalde” de Trujillo…!
             
-- Cuando lo invitan a bailar Murgia, sorprendido, se dirige a mí, relata Raúl:
             
-- Oye. ¿Y ahora qué hago…?
             
-- Sal no más y mira cómo me muevo yo, contestó Lozano.
            -
- Con ese aire de inocencia que lo caracteriza, el teniente alcalde comenzó a zapatear a su manera y así se mantuvo hasta el final ante el aplauso general… concluyó.
             
El educador prosiguió indicando que Murgia se distingue por identificarse con los demás. Por su gran proyección social
             
Contó que, en otra oportunidad, un trabajador cometió una falta y debía ser sancionado.
             
Solicitaron la opinión del alcalde quien declaró:
             
-- Miren este muchacho tiene familia que al final va a ser la perjudicada. A lo mejor se equivocó. Hay que investigar bien sobre su grado de responsabilidad.
            
Incómodo y frunciendo el seño,, Lozano alcanzó a decirle:
             
-- Pepe, ¿Por qué mejor no has sido sacerdote…?
           
-- Es que todos son buenos para él. Todos poseen cualidades.  Ese es el hombre que conocemos. Sencillo, humilde, solidario, agregó.
             
-- Basta que se entere que hay una persona que carece de dinero para operarse y allí está.
            
-- Siempre tiene un sobre para aliviar su dolor. Muchas veces sin que nadie lo sepa.
            
-- Por esas nobles cualidades es que hemos aprendido a admirarlo. A tratar de seguirlo e imitarlo.
             
Al finalizar, emocionado, pronunció estas elogiosas palabras que dejaron una profunda reflexión en el auditorio.
              
--  Un abrazo y un brindis a tu salud Pepe. Trujillo ha escrito parte de su historia con tu vida…
            
Hasta que llegó el momento del agasajado. Aplausos y más aplausos. Los asistentes se pusieron de pie, mientras Pepe agradecía con una mano en alto.
             
Y, de una vez por todas, para despejar las dudas, respondió la más insistente pregunta que soportó en los últimos meses: ¿Qué hará cuando no sea autoridad…?
             
-- ¡Limpiar mi casa…!, expresó sonriendo y sin inmutarse. Claro que esa frase significa mucho más. Como arreglar las cosas pendientes y hacer lo que siempre se dejó en el camino.
            
-- Tengo libros, la mayoría dedicados, que se los entregaré a alguna biblioteca y treinta cajas con papeles que iré leyendo.
             
-- También habrá un sitiecito por ahí para entretenerme en el ambiente de la familia.
             
-- Por si acaso, no soy rígido. Si alguien llega a mi casa para pedirme información, no se la voy a negar.
             
Se disponía entregar el micro cuando trajo a la memoria uno de los últimos pasajes que tuvo con los hombres de prensa y procedió a revelarlo:
             
-- Entre un grupo de periodistas que me asediaban, una jovencita me lanzó en primera esta interrogante:
            
-- Ingeniero, en año nuevo, usted que está solo. ¿Por quién va a hacer el brindis…?
             
-- Sin pensar un segundo contesté:¡Por la vida…!”
           
-- ¡Muchas gracias…! ¡Muchas gracias…!           

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