miércoles, 3 de junio de 2009

LOS CINES DE TRUJILLO QUE EL TIEMPO SE LLEVÓ…


Fachada del antiguo cine Ayacucho, una de las pocas que se conservan. Sus instalaciones sirven ahora para albergar a varias tiendas comerciales...

Más de seis millones de espectadores colmaron en los últimos cuatros meses las salas de cine en el Perú.

El informe fue proporcionado por los representantes de las cinco cadenas del mercado nacional que posee doscientos ochenta y nueve establecimientos en todo el territorio.

El reporte es importante, pues representa la cifra más alta de los últimos años y demuestra la resistencia de la industria a la actual recesión en un escenario de desaceleración.

Los datos vinculados al cine en la actualidad, nos hicieron evocar las antiguas salas cinematográficas que existieron en Trujillo y que fueron cerrando sus puertas para, finalmente, desparecer por completo.

Hasta el siglo pasado, hace apenas unos años, asistir al cine era una de las principales distracciones para los trujillanos de todas las edades.

Sus locales estaban distribuidos en la ciudad con la finalidad de atender todos los sectores. En aquel entonces, no se había trazado urbanización alguna.

Uno de los locales más antiguos fue el Libertad, ubicado la calle Carrión de propiedad de Carlos Smith Lund, quien acostumbraba escribir sus afiches a punta de pulso y pincel.

Cada mañana colocaba en el suelo las pancartas de madera y tela engomada y con tinta de colores depositada en distintos tarros procedía a escribir los trazos que incluían el nombre de la película, los actores y las funciones.

También hacía constar si era en blanco y negro o en technicolor, para terminar con el valor de las localidades de platea, mezanine y cazuela.

Era todo un espectáculo ver a don Carlitos lucirse escribiendo los letreros que luego colocaría a los costados, en la entrada de la sala.

La localidad para la gente común y corriente era platea. A mezanine, la más cara, iban las personas acomodadas. Cazuela o balcón, la parte más elevada, era el boleto más económico.

En el jirón Ayacucho, cerca al mercado central estaba el cine del mismo nombre que reemplazó al Popular y en Junín, casi en la intersección de lo que actualmente es la avenida España, el Pueblo para albergar al público procedente del barrio Chicago.

Frente a la plazuela González Prada el Chimú, especializado en proyectar las producciones mejicanas de Cantinflas, Pedro Infante y rancheras en general.

Era la época del estreno de Lo que Viento se Llevó, Espartaco, Ivanhoe, La Naranja Mecánica, El Último Tango en París y otras más que hasta ahora recordamos.

También se exhibían películas en el teatro Municipal. Después aparecieron los cines Trujillo, Perú, Venus, Ideal, Sagitario y Primavera, mucho más modernos y confortables.

Muchos sirvieron de escenario para el surgimiento del romance entre millares de parejas ahora casadas y con hijos, que los rememoran con nostalgia.

Hoy, ninguno existe. El video, primero y el DVD, después, acabaron con ellos. Hay nuevos multicines pero, no logran hacernos olvidar a las tradicionales salas que el tiempo se llevó…

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