viernes, 6 de enero de 2012

¿UD. QUÉ PREFIERE…?: ¿TRABAJAR O DESCANSAR…?

Peatones en el distrito tokiota de Shibuya. Para los japoneses el trabajo es la vida...

La respuesta parece cantada. Especialmente para los peruanos que nos gusta trabajar, pero gozamos mucho más con el descanso.

Por esa razón, celebraron la decisión del gobierno que, a través de la presidencia del Consejo de Ministros, decretó feriados el lunes 13 y martes 14 de febrero, Día de los Enamorados.

La medida sorprendió a la gente, pues prácticamente los días de descanso fueron creados. Antes no existían.

El fundamento oficial de los nuevos feriados se sustenta en el propósito de “fomentar el desarrollo del turismo interno y dinaminizar las economías locales”.

Sin embargo, no se tuvo en cuenta que hacer turismo es apenas un sueño para las grandes mayorías por el escaso sueldo que perciben, aparte que los pasajes son elevados durante esas fechas.

Desafortunadamente, ese es el rostro del Perú con nuevo gobierno. Aquel en el que se habían cifrado tantas expectativas.

Según los expertos, las paralizaciones del país carecen de razón o sustento y representan un atentado contra la tradicional concepción del trabajo.

Recordaron que la acción laboral constituye una condición básica en la vida humana. El trabajo hace al hombre.

La posición gubernamental contradice los postulados de los políticos-economistas en el sentido de ser la principal fuente de riqueza de un pueblo.

A propósito de estas apreciaciones, según los analistas en el mundo existen tres clases de personas en relación a la actividad laboral.

Un primer gran grupo está integrado por aquellos que trabajan para vivir. Es la mayoría. Ahí estamos incluidos los peruanos.

Otros, mucho más empeñosos, viven para trabajar. Son un poco menos.

Por último, en el sector más reducido están los japoneses y unos cuantos países para cuyos pobladores el trabajo es la vida.

No se necesita pensar demasiado para llegar a la conclusión que entre ellos se encuentran las grandes potencias mundiales.

Basta recordar que en Japón el período vacacional de un trabajador al año apenas supera los quince días.

En el País del Sol Naciente, caracterizado por su espíritu de laboriosidad y armonía en grado sumo, se trabaja horas extras cada día y nadie se queja.

Aún más. Son honestos y responsables. No hacen huelgas. También se divierten, pero sus reuniones tienen hora de inicio y término.

Al finalizar, por seguridad, nadie maneja. Todos regresan en taxi. Otro mundo ¿Verdad...?

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