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miércoles, 13 de mayo de 2015

VÍCTOR HUGO: ¡NINGÚN SILENCIO BORRARÁ TU RECUERDO…!

 
Víctor Hugo Paredes mostrando Satélite en una de sus últimas fotos...

Estaba ayer con Carmen Rodríguez Luján, redactora de Satélite, en la Cámara de Comercio de La Libertad.

Antes que empezara el acto de las MYPES, habíamos hablado de Víctor Hugo Paredes y coincidimos en respetar algunas decisiones suyas.
             
Casi al terminar, me llamó a un lado para darme la infausta noticia. Salimos. Yo regresé y Bernardo Chico Balarezo al verme, me preguntó que posiblemente aún no me reponía
            
-- Es que me parece mentira, le contesté. Acudí al diario y en la puerta, me confirmaron lo que nunca esperé escuchar.
            
Víctor Hugo, para mí, era más que un amigo. Nos conocimos casi toda la vida. Yo era redactor de La Industria cuando se fundó Satélite.
            
Meses después, llegó al vespertino invitado por Lorenzo Kcomt Kooseng. Parecía un chiquillo, pero ya tenía la experiencia de haber laborado con Orlando Sánchez Castro en América Televisión.
             
Pronto se convirtió en el brazo derecho del “Chino Loli”, como le decíamos a Lorenzo, quien después me llamó.
            
Y cuando Kcomt dejó la dirección, la asumió Víctor Hugo en tal forma que no se notó el cambio. Al contrario, con el tiempo, subió el tiraje.
             
Por razones laborales viajé al extranjero. Al retornar, colaboré en un diario local y La Industria, donde me inicié en la década del sesenta.
          
 
Víctor Hugo con Satélite en las manos. Toda su vida la dedicó al vespertino...

 Corría el 2007 cuando me encontré con Víctor Hugo y sus primeras palabras fueron:
             
-- Tú eres de Satélite y tienes que escribir para nosotros.
             
-- Muy bien. No hay ningún problema, respondí.
            
Y empecé a publicar en la sección editorial y elaborar una que otra página especial.
             
En el 2011, con motivo de las eliminarías al Mundial Brasil 2014, escribí una nota de los goles de Guerrero con los que Perú ganó a Paraguay.
             
Con la visión que solo él tenía, me pidió redactar una columna de comentarios sobre fútbol que se publica hasta ahora.
             
A fines de setiembre del año pasado, le manifesté que quería escribir un artículo especial por su cumpleaños.
            
Quiero hacer algo singular, le expliqué. Vinculado a tu vida y Satélite, indicando que era otro de sus “hijos”.
            
 -- Eso sí, sentencié, yo quiero tomarte las fotos.
             
Aceptó, solo me pidió incluir a Víctor Hugo Jr, Luis Jansen y Shirley Vanessa, sus descendientes naturales.
            
Allí me contó su deseo de hacer un libro sobre su vida periodística y su paso de más de medio siglo como director del vespertino.
             
El artículo con varias fotos, que fue su última entrevista, se tituló “Víctor Hugo Paredes y Satélite. El “hijo” que nace todos los días”
            
La desaparición de Víctor Hugo fue premonitoria. Nos enteramos luego de cerrar la edición de ayer, como si no quisiera interrumpir la labor diaria.
             
Con anticipación se había mandado oficiar anoche una misa y el radiante sol de la mañana se escondió por la tarde para rendirte homenaje.
             
Como lo exige el trabajo periodístico. Parece que él todo lo hubiese planificado.
             
Al final diré como el poeta. Víctor Hugo se ha ido. Se nos ha ido.
             
Pero, ya estaremos nuevamente juntos. Escribiendo como siempre entre sonrisas. Formando palabras con las nubes y las estrellas para que nos lean los custodios del Señor.
            
Y ¿Sabes una cosa…? Ningún silencio borrará tu recuerdo….

viernes, 11 de mayo de 2012

¿CÓMO NO RECORDARTE EN ESTE DÍA, MAMÁ…?

Artículo publicado en el diario La Industria el 24 de setiembre de 1983, al cumplirse en primer año de la partida de mi madre al infinito...


La celebración más comprometida con la existencia de los seres humanos, es el Día de la Madre.

Está dedicada a exaltar toda la entrega y sacrificio que es capaz de ofrecer una progenitora en provecho de sus hijos.

El Señor quiso que todos tuviéramos una madre para entregarle nuestro cariño cuando está a nuestro lado.

Y la recordemos para siempre, si por las leyes de la vida no la tenemos junto a nosotros, aunque continúa guiándonos desde la eternidad.

En esta fecha tan especial. ¿Cómo no recordarte mamá…?

Cuando nos reunías para decirnos que la ropa que usábamos tal vez no era muy fina, ni tampoco costosa. Pero, siempre debía estar limpia.

O cuando grabaste en nuestros corazones aquella frase que “para decir la verdad y ser puntual no es necesario tener dinero”.

Tus palabras tuvieron tal efecto que por llegar s que nadie a la escuela Nº 280 “Enrique Guimaraes”, de la quinta cuadra de Independencia, los profesores me entregaban la llave para abrir el salón de clases.

Cuánta razón tenías al despedirnos cada mañana de casa en la segunda cuadra de Diego de Almagro y nos decías: “Al lugar donde vayas, en el momento de ingresar, no dejes de saludar en voz alta”.

Aquel sabio consejo era extensivo para quienes nos visitaban, los vecinos y los mayores de edad, sin excepción.

¿Cómo olvidar las persecuciones con un cincho en la mano para castigarme por alguna travesura y me parapetaba debajo de la mesa del comedor para evitar los golpes…?

Tal vez eso parezca insólito para las nuevas generaciones. Sin embargo, en aquella época las razones y argumentos de los padres no podían ser refutados.

Si alguno de ellos prohibía ir al paseo o a la fiesta con los amigos, solo quedaba obedecer y esperar una nueva oportunidad. No había otra alternativa.

No discutimos si los patrones de conducta asimilados en el seno del hogar fueron mejores o peores que ahora. Que sea tarea de los estudiosos o analistas.

Lo cierto es que en casa nos enseñaron a ceder la acera en la vía pública y el asiento a los adultos y las gestantes en los vehículos de transporte público, entre otras cosas.

Por todo lo bueno que hiciste por nosotros y continúas brindando desde el cielo. ¿Cómo no recordarte en este día, entrañable mamá Emilia…?

lunes, 6 de febrero de 2012

¡DOÑA ISABEL Y UNA TIERNA HISTORIA…!

Carátula del vespertino Satélite de hoy dando a conocer la infausta noticia. Nos queda el más grato recuerdo del Comandante Burga y doña Isabel Cerro...


Era el verano de 1968 Cálido, pero no lluvioso como los de ahora. Y La Industria estrenaba su flamante sistema offset integral.

Lo mejor de la época. Solo lo utilizaba El Comercio de Lima y nuestra Empresa editora quería marchar al ritmo de los primeros.

Por eso no se escatimó esfuerzo alguno para capacitar en Uruguay al personal que debía manipular las máquinas. Incluso traer expertos de ese país para adiestrarlos en su manejo.

Durante ese tiempo eran frecuentes los viajes del Comandante de la Armada Peruana Alfonso Burga Tello y su esposa María Isabel Cerro Moral.

Ellos estaban pendientes del funcionamiento del nuevo proceso de impresión que mantenemos hasta la actualidad.

Pasaban horas en los departamentos de redacción, fotomontaje, diseño e impresión. El diálogo era constante con los responsables e integrantes de cada sección.

La idea era que todo saliera a la perfección.

-- Las cosas se hacen bien o simplemente no se hacen, solía decir el Comandante Burga, como todos lo conocíamos, siempre a lado de Doña Isabel.

Pero la pareja no viajaba sola. Lo hacía acompañada de los pequeños Luís Alfonso (“Coco”), Ana Isabel (Anabel) y la pequeña María Laura.

Mientras sus padres recorrían las instalaciones del diario, los tres jugaban a las escondidas entre las gigantescas bobinas de papel que venían de Canadá.

Conversaban con los trabajadores con mucha confianza. Eran muy alegres y dicharacheros.

En el verano de ese año, quien escribe estas líneas informó a los compañeros de labores que iba a contraer matrimonio.

Mi novia, ahora esposa, pertenecía a la sección Contabilidad de la Empresa. Era la primera vez que dos trabajadores de La Industria se casaban.

Al enterarse, el Comandante Burga y la Señora Isabel nos dieron algunos consejos, desearon muchas felicidades y obsequiaron el viaje de bodas.

El Comandante Burga falleció hace algunos años. La señora Isabel, está ahora a su lado y las bendiciones que nos dieron, con la gracia de Dios, se cumplieron a plenitud. Nuestra gratitud eterna.

Una real evidencia de su enorme corazón y lo que ambos representaron para la Empresa Editora La Industria y sus trabajadores…






























martes, 24 de enero de 2012

¡CUMPLIENDO EL PEDIDO DE LA HORA PÓSTUMA…!

Colegio María Negrón Ugarte desfilando en la plaza de Armas de Trujillo. Ahí conocí a Ena quien me hizo un insólito pedido hace más de medio siglo. Hoy cumplí con su voluntad...


Desempeñaba la actividad docente en el importante colegio nacional de mujeres “María Negrón Ugarte” de Trujillo.

El mayor porcentaje eran maestras. Los varones un poco menos. Pero, todos nos llevábamos muy bien.

Llegamos a conocernos mucho más en la época de la denominada planificación escolar que se realizaba durante las vacaciones.

Una cálida mañana de abril, hace cerca de un cuarto de siglo, me encontré en el patio del plantel con Ena Gabrielli Chota.

Éramos muy amigos. Tal vez porque teníamos similar talla o porque el color de nuestra piel era semejante.

Entre una broma y otra, que eran muy frecuentes en ella por su carácter alegre y jovial, alcanzó a decirme:

-- “Negro” (Así me decía de cariño), te pido un favor. Quiero que cuando yo muera tú me dediques unas palabras.

-- No digas tonterías Ena. No tenemos por qué tratar eso. Además, yo moriré primero.

-- No, no –replicó enérgica—Yo quiero que tú hables.

Nos miramos a los ojos. Siguió un silencio. Al final, terminamos riendo y palmeándonos el hombro.

Al abandonar las aulas, cada vez que volvíamos a coincidir en el centro de la ciudad me hacía recordar su encargo.

Hace un año nos encontramos cerca de la Casa del Maestro, Yo iba con mi esposa. Después de dialogar unos minutos, entre risas, terminó mencionando su deseo póstumo.

Días atrás, en horas de la tarde, sonó el teléfono. Una profesora del Negrón me dio la infausta noticia. Ena, había fallecido.

Ese mismo día fui al velorio y elevé una oración al cielo por su alma. Después me senté cerca por última vez.

Cómo olvidar a Ena. Imposible. Era muy estimada por todos los colegas. También por las alumnas que la seguían por un consejo.

El día del sepelio acudí a la misa de cuerpo presente y la acompañé al camposanto. Pedí permiso a la familia Tenía que acatar su voluntad, cumplir mi promesa y rendirle tributo.

Me despedí de Ena. Le recordé, entre otras cosas, que estamos de visita en la Tierra. Por eso no le dije adiós. Solo fue un hasta luego…















jueves, 21 de julio de 2011

¡USTED ABRE EL PROGRAMA HOY…!

Existe una gran diferencia entre la prensa y el periodismo radial...



Algunos periodistas, con la edad, somos como cierta especie de lobos de mar que terminan surcando todos los océanos.

Me inicié en el diario La Industria cuando se imprimía la antigua rotoplana, que la tecnología sepultó de manera implacable con el offset integral. Después pasé a SATELITE. Soy un producto de la prensa.

Por momentos ingresé las cabinas comentando producciones discográficas juveniles alternadas con el periodismo radial y esporádicas apariciones en la televisión como panelista y nada más.

Hace poco, acepté la invitación del colega Víctor Gil Rodríguez, director de un importante noticiero local y regresé a la radiodifusión.

Claro. Es él, quien conduce el espacio. Es decir, presenta, hace los enlaces y cosas por el estilo. Yo sólo comento las noticias más destacadas. Hasta allí, todo bien.

Pero un día, al llegar a la emisora, salió el operador y me comunica que el director tardará un poco y, por favor, abra el informativo.

Acepté el reto. Me armé de coraje y por primera vez en mi vida profesional, inauguré la audición de un noticiero.

Me ayudó el dato sobre el rebrote del dengue en un distrito cercano Aproveché para referirme a las características del mal y hacer algunas recomendaciones.

Las llamadas por teléfono del público no se hicieron esperar: “Buenos días, como está señorita, adelante por favor…” y empezaban a opinar.

Siguiendo las recomendaciones de mi esposa, utilizaba esos segundos para respirar profundo y darme aliento para continuar.

Luego de dos o tres llamadas pasé a otro tema. De repente, ingresa una amiga acompañada de un médico. Quería anunciar el paro de cuarenta y ocho horas de su gremio.

Mientras hablaba frente al micro, me pregunté: ¿Y ahora tengo que hacer la entrevista…?

Anuncié al aire su presencia y solicité el pase a la banda comercial, mientras me preparaba para enfrentar la situación.

Felizmente, todo salió bien. Cuando estaba por finalizar, ingresó Víctor indicándome que continúe con el diálogo. Más tarde dijo que escuchó todo y me felicitó.

Aunque sigo pensando que fue un debut inesperado, ahora entiendo por qué el periodismo radial exige tanto cuidado en cada entonación y palabra pronunciada.

Todo lo contrario a la prensa. Aquí te equivocas. Regresas, rectificas y listo. En la radio, no hay vuelta atrás...

lunes, 27 de junio de 2011

¡AQUELLA INOLVIDABLE ETAPA ESCOLAR…!

Darío Núñez Sobero, este bloguero, el "Mono" Lorenzo Rodríguez Zapata y Jorge Miranda Pulido, de pie. "Coco" López Bozzo y Maglio Balarezo Quintana, sentados, previo al desfile en la plaza de Armas....

Hay momentos en la existencia humana que marcan a las personas. Uno de ellos, es la etapa escolar.

Aquella que compartimos casi desde los primeros años de la infancia y concluye en plena juventud. Previa a los estudios superiores.

Las vivencias de esa época son tan gratas e imperecederas, que se evocan con motivo del aniversario del plantel y se recuerdan para siempre.

Esta vez correspondió a las dos secciones de ciencias y una de letras convocadas para reencontrarse y celebrar los cincuenta años de haber egresado de las aulas del centenario Colegio Nacional de San Juan de Trujillo.

La Promoción 1961 “Augusto García Llerena” asistió al llamado para participar en la Clase Magistral dictada por el maestro y periodista Teodoro Rivero Ayllón quien, fiel a su estilo, dicto cátedra.

También estuvieron presentes, el propio doctor García Llerena, quien en su intervención invocó educar a los jóvenes para cambiar el futuro del país, y los docentes Adolfo Alva Lezcano y Antonio Alfaro Quevedo.

Previamente formaron en el patio de honor del viejo claustro, a órdenes del brigadier de entonces, Miguel Ángel Lanza quien, bastón en mano, hizo la proclama del lema diario, entonándose el Himno Nacional y el Himno Sanjuanista.

Al pasar lista de asistencia, la nota graciosa brotó espontánea cuando se nombró a cada alumno y los compañeros gritaban el apodo entre aplausos y risas. Era como volver con nostalgia al tiempo que pasó.

Enseguida, pronunciaron con mucha fuerza: ¡Presente…! Rompiendo esa especie de nudo en la garganta, cuando se mencionó a los amigos que quedaron en el camino, porque el Señor los acogió en su reino.

Después de medio siglo, se produjeron numerosos cambios. Con los años los canarios se hicieron profesionales. Se convirtieron en padres de familia y abuelos.

La mayoría transformó su fisonomía. Ganaron varios kilos demás y algunas arrugas, pero perdieron casi todo el cabello.

La variación en algunos casos es tal, que al no reconocerse, unos preguntaban en voz baja, quien era la persona que estaba al costado.

Al final vino el reencuentro, los infaltables abrazos y las preguntas sobre qué fue de su vida o dónde están a los ya no residen en la ciudad.

El domingo, día del desfile en la plaza de Armas, la Promoción 1961 de San Juan marchó con el civismo de antaño. Como si el tiempo se hubiese detenido y ganamos el Gallardete a la Mejor Presentación.

Un galardón más que se añade a los triunfos en los Concursos de Bandas Escolares, que ya no se realizan, en los partidos de fútbol y básquet con la GUE Sánchez Carrión y diversas competencias de atletismo.

Antes de despedirnos, los integrantes de las Bodas de Oro juramos reunirnos todos los años en junio, con motivo de las fiestas patronales de San Juan.

Las palabras del adiós portaban un mensaje: A partir de hoy debemos estar más unidos que nunca, pues la cuenta de la vida es regresiva

jueves, 16 de junio de 2011

50 AÑOS DESPUÉS: ¡DE NUEVO A LAS AULAS…!

De pie: Maglio Balarezo Quintana, Nery Ortiz, Amilcar Ruiz, Marco Barboza y Martín Ferrer. En cuclillas: Luis Montalván, Genaro Valeriano Baquedano, Víctor León, Freddy Gálvez Delgado y Julio Vásquez...


•”Ha llegado el momento más triste de nuestra vida estudiantil. Ha llegado el momento de despedirnos de San Juan, de nuestros condiscípulos, de nuestros profesores. ¡Ha llegado el momento de partir…!”

Esa nostálgica frase, contagiada de sentimiento y congoja, que resume el término de esa imborrable etapa de nuestra existencia, fue escrita por el autor de la nota hace medio siglo.

Consta en la página diez de la revista “Retorno” editada por el Club de Radio y Periodismo del plantel canario bajo el título “Nos vamos, pero queda nuestro espíritu”.

En peculiar estilo, la expresión está registrada al inicio y al final del artículo.que hace referencia a nuestros maestros Rafael Narváez Cadenillas, de historia y Augusto García Llerena, de castellano, que marcaron nuestro destino.

Cincuenta años después, la Promoción 1961 “Augusto García Llerena”, del Colegio Nacional de San Juan, celebra pletórica de emoción sus Bodas de Oro.

Un puñado de exalumnos, procedentes de distintas partes del país y el extranjero, se reunirá para evocar los gratos momentos juveniles experimentados en las aulas del glorioso plantel centenario.

Ellos presentarán su Revista de Oro el martes 21 en su tradicional local del jirón Independencia: Luego se les impondrán los distintivos promociónales.

La Clase del Recuerdo, dictada por el profesor, literato y periodista Teodoro Rivero Ayllón, será el sábado 25, develándose enseguida la placa recordatoria. Continúa una romería al cementerio de Miraflores. Todos desfilarán al día siguiente en la plaza de Armas

Después de tanto tiempo transcurrido, los exsanjuanistas volverán a sentarse en las carpetas de madera del salón de clases que los albergó. Mudo testigo de cientos de anécdotas.

Añorarán el inconfundible uniforme beige-caqui con cristina y corbata del mismo color. También los galones indicando el año de estudios y la infaltable insignia en el brazo derecho.

Recordarán la estrictez de las lecciones de Instrucción Pre Militar con las prácticas de tiro en el cerro Cabras y el examen oral con jurado y balotario.

Las palomilladas dentro del aula, los cuadernos escondidos, las pifias al brigadier “sobón” con sus “lista de indisciplinados” y los motazos por acusarnos ante el auxiliar de educación.

El sumo respeto a los profesores que jamás llegaban tarde, ni mucho menos dejaban de asistir al dictado de las lecciones.

La acostumbrada formación de los lunes en el patio principal. El excepcional civismo en la entonación del Himno Nacional y el himno al colegio.

Y los inolvidables partidos de fútbol y básquet entre San Juan y la Gran Unidad Escolar José Faustino Sánchez Carrión en el estadio Mansiche y el coliseo Inca. Siempre con bronca pero, al final, todos salían contentos y en paz.

Definitivamente, era otra época. Ahora, medio siglo después, muchas cosas han cambiado. Es indudable que el tiempo no pasa en vano…






























miércoles, 18 de mayo de 2011

¡SAN JUAN Y EL INTI RAYMI EN EL RECUERDO…!

Parte del séquito del inca en el Inti Raymi, hace cincuenta años. Abajo, a la izquierda, este bloguero...



El desaparecido almanaque Bristol de nuestros abuelos, marcaba 24 de junio de 1961. Hace medio siglo. Es un día memorable. El Colegio Nacional San Juan de Trujillo celebra su aniversario.

Por su parte, el calendario cívico-escolar evocaba el Día del Indio y en el Cusco se escenificaba la fiesta del Inti Raymi.

Sin embargo, por iniciativa del director Sixto Alarcón Sánchez, el esfuerzo de la profesora Delicia de Coronel y un grupo de profesores de educación física, el plantel haría lo mismo en el estadio Mansiche.

Nos habíamos preparado con mucha anticipación. Horas enteras dedicadas a ensayar. Incluyendo sábados y feriados.

Mientras ensayábamos con ahínco., nuestras madres confeccionaban la indumentaria con motivos incaicos para la espectacular demostración.

Consistía de una especie de túnica ancha, manga corta, con algunas grecas, que nos llegaba hasta las rodillas.

Cada estudiante debería elaborar las sandalias de cuero, lanzas de madera y escudos de cartón con el emblema del dios Inti (Sol) en el centro, para lucirlos en escena.

Los noveles actores, éramos integrantes de la Promoción 1961, que este año celebra sus Bodas de Oro. Con esa participación, nos jugábamos las notas de educación artística, música y no se qué más.

Era la numerosa y entusiasta muchachada que en diciembre de ese año debía abandonar las aulas canarias para siempre.

La concentración estuvo fijada a la una de la tarde en las inmediaciones del parque infantil. Luego ingresamos, en correcta formación, al estadio.

Llegado el momento, al compás de música incaica, el ordenado séquito irrumpió en el Mansiche escoltando al inca en su imponente trono ante un expectante público que colmaba las tribunas de preferencia y popular.

En las graderías estaban nuestros padres, hermanos, parientes y amigos que trataban de distinguirnos entre cientos de “nativos” para estimularnos.

La representación duró cerca de dos horas. Constó de danzas, cánticos y el sacrificio de un auquénido. Tal como se hacía en el Tahuantinsuyo.

El multitudinario aplauso de la concurrencia ante cada maniobra del alumnado, nos llenaba de orgullo. Era el reconocimiento al buen desempeño.

Al final, las fotografías de rigor perennizaron para la posteridad una actuación que nunca más volvió a verse en la ciudad.

En la vista, en cuclillas, a la izquierda, este bloguero, al costado el periodista deportivo Pedro Villanueva Rojas, el funcionario público Celso Ortiz Noriega, el magistrado Luís Ruiz Vigo y el empresario José Sam Saavedra.

Emergen miles de evocaciones de la añorada etapa estudiantil en las aulas del tradicional plantel de Independencia que hoy nos llenan de nostalgia.

Transcurridos cincuenta años de esa época de oro, solo nos consuela nutrirnos con las múltiples experiencias vividas.

Mientras que el tiempo avanza inexorable amenazando alejarnos cada vez más del pasado, todo queda aún como un tenue, pero grato e imperecedero recuerdo…




































miércoles, 27 de abril de 2011

¡ADIÓS ANTIGUA Y QUERIDA COMPAÑERA…!

En una de estas máquinas aprendí a escribir en La Industria....

“Mi sicoanalista es mi máquina
de escribir…”
(Ernest Hemingway)

Los medios de comunicación trajeron la noticia y al instante me hicieron remontar al pasado. Cerró la última fábrica de máquinas de escribir del mundo.

Ejecutivos de la empresa Godrej and Boyce, ubicada en Bombay, India, decidieron dejar de lanzar más productos.

La razón es que el año pasado apenas lograron colocar en el mercado ochocientas unidades, cifra considerada no rentable para seguir en el mismo rubro.

Esa determinación termina con el ciclo iniciado a fines del siglo XIX cuando su invención revolucionó a la humanidad.

El primer contacto que tuve con una máquina de escribir fue cuando, siendo aún niño, visitaba a mi padre Juan Gálvez Arce en su trabajo.

Se desempeñaba como regente o jefe de talleres del diario La Industria de Trujillo, donde me sorprendía al verlo “armar” las páginas del periódico con artículos que se elaboraban, a base de tipos, letra por letra.

Cierta noche muy tarde, por curiosidad, ingresé a la sala de redacción y quedé asombrado al observar las máquinas ordenadas en cada escritorio.

No pude sustraerme a la tentación de colocar una cuartilla. Intenté escribir mi nombre y oprimí tímidamente las teclas con dos dedos. La inusual experiencia dio resultado.

Otra noche, la tarea fue formar una oración y así de manera sucesiva. Unas semanas después, como me gustaban más las letras que las ciencias, estaba casi en condiciones de esbozar un artículo.

Como los que salieron publicados en la revista “Retorno”, de la Promoción 1961 del Colegio Nacional de San Juan donde estudie.

Dos años más tarde, cuando ingresé a trabajar como redactor principal a La Industria, era todo un diestro mecanógrafo. Nacido, tal vez como muy pocos, en la misma cuna de los periodistas del decano de la prensa norteña.

Era la época en que alternábamos las máquinas Remington y Underwood que hoy ocupan un lugar preponderante en los museos.

Con el tiempo nos actualizamos usando las modernas Olympia y Olivetti, que eran mucho más livianas y cómodas, pero tan chillonas como las anteriores.

Cuando el desarrollo tecnológico introdujo la computadora, fueron desplazadas al transformarse el tradicional sistema de procesar los textos.

Las inflexibles normas que impone el progreso dieron paso al proceso natural de cambios dejando atrás los aparatos considerados obsoletos.

Esta vez le tocó a la máquina de escribir. Aquella antigua y querida amiga de triunfos y tristezas que pasará a formar parte de la historia.

¡Adiós añorada y leal compañera de trabajo…! ¡Vivirás como un grato recuerdo de mi vida profesional… para siempre…!



































jueves, 3 de marzo de 2011

VÍCTOR: ¡TÚ SABES QUE NO MIENTO...!

Equipo de fulbito de La Industria en los años 70, con Víctor Cedano...

Nos conocimos en la lejana década del setenta. El escenario fue la siempre inquietante y alegre oficina de redacción del diario La Industria.

Era uno de los más jóvenes de los reporteros. Movedizo, risueño y vivaracho. Casi nunca faltaba una ocurrencia de su parte.

Alternó en la página deportiva con los experimentados Segundo Ortiz Bocanegra “Goyito” y Carlos Rodríguez Burgos, quien nos abandonó hace algunos años.

Ansioso de incursionar con éxito en esta apasionante carrera de la información, deseaba seguir la huella de los grandes.

Por esa razón, no faltaba en uno de los cajones de su escritorio la última edición de la famosa revista deportiva El Gráfico de Argentina.

Escogió el estilo corto del recordado escritor y guionista uruguayo, radicado en Buenos Aires, Ricardo Lorenzo “Borocotó” y vaya que no defraudó a quien consideraba su maestro, aún sin llegar a conocerlo.

Le correspondió vivir la época de oro del popular elenco trujillano Carlos Mannucci en la categoría profesional.

Y con la finalidad de ganarle la primicia en la especialidad a Elder Lázaro Villacorta en las páginas de Satélite, desató una guerra noticiosa de la cual los únicos ganadores fueron los lectores.

Menudo y bonachón. Algo gordito. Caía bien a todos. Sus amigos lo conocían como “Tufito” y él respondía al llamado con una sonrisa y la mano derecha extendida.

Su predilección por el fútbol no se limitó a las carillas que salían una tras otra de la tradicional máquina de escribir, pues también se trasladó a la práctica.

Si no que lo digan las jornadas del Campeonato Interno de Fulbito de la empresa con anticipación a la fecha aniversaria de fundación del periódico.

Tal como lo demuestra esta foto del recuerdo con periodistas de extensa trayectoria. Todos de La Industria.

Arriba, de izquierda a derecha, Segundo Ortiz Bocanegra, Manuel Rodríguez Romero, Guillermo Miranda Pulido y Américo Barriga Rodríguez.

En cuclillas Hugo Robles Mantilla, Felipe Apaza Amador, Freddy Gálvez Delgado y Víctor Cedano Huamán.

La foto fue captada en uno de esos tantos partidos de confraternidad que sostuvimos en esta inolvidable Casa Editora en el añejo coliseo Inca.

Como inolvidable será tu recuerdo mi querido Víctor.

Al mediodía de ayer, al abrir el correo electrónico, el colega Paco Cépeda Mostacero me dio la noticia que jamás esperé recibir.

No pude contener las lágrimas. No te miento. Y tú lo sabes…

sábado, 18 de diciembre de 2010

¡ADIÓS PROFESOR, LE DESEO LO MEJOR...!



Clase del Recuerdo con un grupo de alumnos del Politécnico Marcial Acharán al celebrar sus Bodas de Perla...




“Educar a un joven no es sólo

aprender algo que no sabía, sino

hacer de él algo que no existía…”

(Ruskin John)

Es una gran verdad que las lecciones de la vida están a cada paso.

El otro día, luego de recibir mi ridícula y casi siempre insuficiente pensión de profesor cesante, como es costumbre, acudí a cancelar los recibos mensuales de luz, agua y otros servicios.

Al llegar al lugar de cobranza, estaban dos policías cumpliendo su encomiable labor de vigilancia tan necesaria en estos tiempos.

Uno de ellos, al notar mi presencia, se acercó respetuosamente tendiéndome la mano.

Era un exalumno del siempre recordado Politécnico Marcial Acharán y Smith que funcionaba a un costado de la Gran Unidad Escolar José Faustino Sánchez Carrión.

Aquel que, en sus mejores épocas, llegó a ser el colegio con mayor población estudiantil de Trujillo, La Libertad y, posiblemente, el norte del país.

Las letras del abecedario que se utilizan normalmente para denominar las secciones en los centros educativos, resultaban insuficientes.

El problema se resolvió optando por identificarlas como Primero “A” Prima, “B” Prima, “C” Prima y así en forma sucesiva.

En sus bien implementados talleres se enseñaban todas las especialidades técnicas existentes hasta la época.

De sus aulas egresaron jóvenes que se especializaron en Lima y ahora triunfan como prósperos empresarios

Son las carreras que la juventud actual no desea seguir, pues desean ser médicos, abogados, ingenieros u otra profesión, aunque al final terminen dedicándose a cualquier actividad, menos a la que estudiaron.

Retornando a la ocurrencia que relataba al comenzar, ingresé al recinto. Cancelé los recibos y al salir acudí ante el agente amigo para despedirme.

Manifestó que se encontraba a gusto en la Policía Nacional, Que evocada las lecciones de historia en salones con más de sesenta alumnos y que había participado en la última “Clase del recuerdo”.

Enseguida expresó su interés de volverme a ver, en otra ocasión, para dialogar y tomarnos algún refresco.

Acepté la invitación para el día que él tuviese descanso y al darme la mano manifestó:

-- “Adiós profesor, le deseo lo mejor…”

¿Qué mayor satisfacción podemos sentir los maestros cuando quienes fueron nuestros alumnos siendo niños o adolescentes, se despiden ahora con esas palabras…?

Simplemente, la del deber cumplido…

martes, 9 de noviembre de 2010

¿PERDISTE UNA MADRE, PERO GANASTE UN ÁNGEL...!


La tristeza más profunda que puede experimentar el ser humano ocurre

cuando pierde para siempre a su madre...


“Amamos a la madre casi sin saberlo. Sólo

percibimos la profundidad de ese amor, en

el momento de la última separación…”

(Guy de Maupassant)


Cuando la mano del destino se impone, hay un momento en la existencia de los seres humanos en que los días se convierten en los más tristes, dolorosos y desconsolados de la vida.


Es el instante supremo en que perdemos a quien nos dio el ser. A nuestra madre. Aquel dulce y tierno personaje que Dios puso en la tierra para demostrar su grandeza.


Aunque, en verdad, sólo dejamos de verla en forma física, porque en el mundo espiritual, ha pasado a gozar de la gracia del Señor.


Es lo que trató de resumir en una cuantas palabras uno de los tantos amigos del Jefe de Informaciones de SATËLITE, Gilberto Reyna Mendoza, cuando se enteró de la sentida desaparición de su madre.


Aquel compañero, de acuerdo a su propia expresión, al estrecharlo en un fraternal abrazo de condolencia, alcanzó a decirle.


-- Gilberto, has perdido a una madre, pero has ganado un ángel.


Y, en efecto. En las palabras de agradecimiento, con ocasión de la misa del primer mes de fallecimiento, el colega periodista manifestó que sentía la presencia de su progenitora.


Reconoció que percibía su compañía al visitar la habitación que ocupaba en su hogar, donde todo permanecía perfectamente arreglado como cuando estaba presente.


O al evocar el instante en que intentaba apartarse y ella pronunciaba con aquella inconfundible delicadeza que tienen las madres:


-- No te vayas, conversemos un poco más…


Dirigiéndose a las personas que lo acompañamos en el oficio religioso, en especial a quienes aún tienen a su mamá viva, trasmitió un sabio consejo:


-- Denle tiempo a su madre. Nunca la dejen sola…


Gilberto, su hermano y un sobrino se regocijaron y enternecieron hasta las lágrimas recordando el tiempo que compartieron con la matrona del hogar.


Como los preparativos, con mucha anticipación, para celebrar el cumpleaños de sus hijos, delegando responsabilidades a todos y llenándose de felicidad al verlos contentos a lado de sus amigos.


Los últimos años de violencia que vive la ciudad, no escaparon a su preocupación constante y se reflejó en el comprensible afán de no dejar jamás la vivienda sola, incluso sacrificándose, al decir:


-- Vayan ustedes a pasear. Yo me quedo a cuidar la casa….


Aquella infinita ternura de abrazar a sus bisnietos era alternada con la rectitud de ver bien a sus progenitores y traducida en las llamadas de atención, aún hasta las horas postreras, expresando con firmeza:


-- Siéntate bien. Endereza la espalda…


Advertencias, sugerencias, consejos y bendiciones constituyeron parte del imperecedero repertorio de mensajes que dejó a quienes tuvo cerca, la adorable “Mamita Victoria”.


Una profunda plegaria elevada al cielo para esta inolvidable madre que ahora guía los pasos de sus descendientes desde la eternidad.


Mientras sus familiares la recuerden, ella seguirá viviendo en sus corazones. Para siempre…