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miércoles, 21 de octubre de 2015

“TE AMO PERÚ”: ¡EL VIDEO QUE NUNCA SE VIO EN TV…!

En el suelo, el papel se abre y revela su mensaje...

Circula en las redes sociales un video diseñado hace unos años por su creador para hacernos reflexionar e impulsarnos a cambiar.
            
Apenas cuarentaitrés segundos son suficientes para condensar cuatro “típicas” escenas bajo el título de “Te amo Perú”.
             
Tan corto tiempo es utilizado para revelar, lamentablemente,  algunas situaciones negativas enraizadas en nuestra sociedad.
             
Todas las imágenes fueron captadas en Lima. En la primera, se observa a una señora de edad salir de su casa jalando un cochecito y llevar su pequeño monedero en la mano.
             
Un mozalbete que estuvo al acecho unos metros atrás, aparece corriendo por la espalda y, de sorpresa, le arrebata la carterita.
             
Dobla la cuadra, se detiene y, aplicando la estrategia de cambiarse de ropa para evitar ser reconocido, se despoja de la camisa y expone su polo rojo con la frase “Te amo Perú”.
             
Continúa otra en la que se ve a una persona obesa miccionando sobre un portón colonial. Termina, voltea y deja ver su camiseta con la inscripción: “Te amo Perú”.
             
La tercera microserie capta a una camioneta cuatro por cuatro que, sin respetar el semáforo rojo, dobla la esquina y atropella a un ciclista.
             
El piloto no se detiene para auxiliar a la víctima. En su rauda huída, se nota que en la parte posterior el vehículo lleva el eslogan: “Te amo Perú”.
             
Termina el spot cuando un joven, contratado para distribuir publicidad en la vía pública, entrega un volante a una señorita.
             
Ella lo recibe con toda normalidad. Pero, no lee la propaganda. Da unos pasos la arruga y arroja al suelo donde el papel se abre y deja leer: “Te  amo Perú”.
             
Finalmente, se escucha una pausada voz que, como deseando que su mensaje sea escuchado y deje huella,  expresa: “El Perú necesita peruanos que lo quieran de verdad…”
             
Y añade unas palabras que deberían convertirse en el lema de todos los peruanos: “Si cambias tú, cambiamos todos: ¡Demuéstralo…!
             
Francisco Torrico, gerente de la agencia Neu, es el creador de esta producción que busca infundir valores supremos olvidados por la gente.
             
Es inadmisible comprender como aspectos éticos que permanecen ligados a la vida de los seres humanos en otros países, sean tan difíciles de practicar en nuestro medio.
             
Sin embargo, debemos reconocer que la solución solo está en nosotros mismos. También en los responsables de ciertos medios de comunicación.
            
Insistimos en ésto, porque el video que debería ser trasmitido en todos los canales y a cada rato para tratar de generar conciencia colectiva, nunca se vio en la televisión nacional…          

jueves, 17 de septiembre de 2009

¿QUÉ QUIERES SER…?: ¡FUNCIONARIA CORRUPTA…!

Una inocente niñita china dio una respuesta insólita respecto a lo que deseaba ser. Las nuevas generaciones merecen un mundo mejor...

Existe un principio básico en la formación de los niños desde los primeros años de vida. Educar con el ejemplo.

Por eso los padres de familia tienen una tarea fundamental en la formación y lo que serán sus hijos en el futuro.

Desde el mismo instante de nacer los pequeños captan la ternura con que son tratados, los tonos de voz, asimilan las primeras palabras por imitación y todo por el estilo.

En la infancia, con la mente inmaculada, ávida de conocer y aprender son los progenitores verdaderos e inmediatos modelos de comportamiento.

En virtud de la capacidad de unos y la responsabilidad de otros, se acostumbra decir que los hijos constituyen el reflejo de quienes les dieron la existencia.

Los infantes se nutren de todo lo que escuchan y observan. Tratan de seguir los patrones de conducta que, para ellos, les parecen los más convenientes.

Fatalmente la humanidad, en algunos casos, atraviesa por momentos muy difíciles. Empezando por la carencia de moral y valores en la gente.

Una muestra de ello, es la corrupción manifiesta en numerosos países y delatada a través de los medios de comunicación.

Las noticias también llegan a los niños y, si carecen de la orientación debida, resultan inmersos en fases de desconcierto y equivocación.

Tal como lo acaba de demostrar la inocente niña de una escuela china quien al ser interrogada sobre lo que deseaba ser cuando sea grande, respondió:

- Quiero ser funcionaria corrupta, porque los malos trabajadores tienen muchas cosas…

Patética muestra de la pésima imagen que algunos trabajadores del estado han proyectado a las nacientes oleadas humanas, quienes lo aceptan como algo común y corriente.

Paea tranquilidad, no todos respondieron igual, porque hubo quienes dijeron que querían ser médicos, bomberos o profesionales en otras disciplinas.

Sin embargo, la contestación de la pequeña debe ser motivo de profundo análisis, reflexión y llamada de atención al mismo tiempo.

Asumamos el compromiso de conducirnos con corrección y decencia en el cargo que nos corresponda desempeñar. La dignidad vale mucho más que el dinero fácil y mal adquirido.

Hagámoslo no sólo por nosotros y nuestra familia, sino por los elevados arquetipos de proceder que debemos dejar a quienes nos sucederán en la posta de la vida.

No permitamos que existan más niños que, atendiendo una realidad errónea, respondan de esta manera.

Las nuevas generaciones merecen un mundo mucho mejor que el que nos ha correspondido vivir…

miércoles, 17 de diciembre de 2008

LA DISCIPLINA ES LA BASE DEL ÉXITO…


Bofetada de Pizarro a un rival. Fue expulsado del campo. Su equipo perdió y la directiva los multó con quince mil euros. La disciplina es fundamental en toda actividad humana...


Se jugaba un partido más de la Bundesliga, denominación que recibe el torneo de fútbol en Alemania, entre los equipos del Werder Bremen y el Karlsruler.

En un momento del encuentro, cerca del arco contrario choca el delantero peruano Claudio Pizarro y el defensa Martín Stoll.

El impacto tiene cierto cariz de violencia. Hay empujones y forcejeos. La reacción inmediata de nuestro compatriota es golpear en la cara a su eventual adversario.

El árbitro actúa como le corresponde. Cumple con su obligación. Impone el orden. Extrae la tarjeta roja y expulsa al goleador latinoamericano.

La inferioridad de condiciones afecta al Bremen que, finalmente, sale derrotado por un gol a cero.

Tres días más tarde, la federación de fútbol alemana suspende por tres fechas la participación de Pizarro en el torneo.

Teniendo en cuenta que el elenco salió perjudicado en cuanto a sus pretensiones al título, la directiva del club decidió multarlo con quince mil euros.

“Las multas muestran que consideramos esos actos como faltas graves y no como pequeñas fallas”, fue la explicación que dio el director deportivo del Werner al diario germano Bild.

Y tiene toda la razón del mundo. Cuando una persona no posee la suficiente fortaleza para controlar sus emociones y termina causando daño al resto, debe ser sancionado.

Pizarro es un elemento importante en la delantera de su cuadro. Convierte goles en casi todos los partidos y tiene más de un centenar anotados en las vallas de los equipos europeos.

Sin embargo, no es disciplinado. Si se deja llevar por sus impulsos y es obligado a salir del terreno de juego por culpa propia, merece el castigo aplicado.

En Europa, los equipos de fútbol o de cualquier deporte del mundo, el cumplimiento de las normas vigentes es fundamental.

Ocurre igual con las organizaciones, instituciones, empresas, los propios estados y las mismas familias.

Es indispensable que la autoridad imponga respeto y sancione, cuando corresponda, a quienes trasgreden el orden establecido.

Aquella expresión de la manzana malograda que causa daño a las que están alrededor suyo, es muy cierta.

Es necesario que los correctivos sean ejemplares, porque la coerción es efectiva. A pesar de la opinión de quienes dicen lo contrario.

Debemos coincidir con la premisa que la disciplina es el eje de toda actividad humana y constituye, efectivamente, la verdadera base del éxito…

martes, 16 de septiembre de 2008

¿DÓNDE ENSEÑAN A SER HONESTOS…?


Oficina del Banco de la Nación de Trujillo. Algunos de sus empleados no son tan honestos como quisiéramos...

No cabe la menor duda que la escuela de la vida, como dicen algunos, es la mejor universidad del mundo.

Es que en sus “aulas” se aprenden cosas que no están escritas en ningún libro y, por lo demás, muy pocas veces son tratadas por profesor alguno.

Sin embargo, tienen un mensaje o significado, independientemente de que éste sea positivo o negativo.

Esta mañana pagaban a los cesantes y jubilados del magisterio nacional, así que acudí al banco de la Nación para hacer la cola y recibir mi “suculenta” pensión.

Formé la fila preferencial, dedicada a las personas de la tercera edad, que avanza con excesiva lentitud, pues sólo atienden en una ventanilla.

Al otro lado, está la cola de los “jóvenes”. Progresa más rápido, pues el resto de empleados están dispuestos para ellos.

Si realmente se desea ayudar a los adultos mayores, podrían destinarse una o dos ventanillas más y el objetivo se hubiese conseguido. Basta con aplicar la lógica.

Como es de suponer, quien atiende siempre está muy apurado. Entrega el ticket de pago sin dejar verificar si lo que está escrito coincide con lo que se recibe. De inmediato, da el dinero.

Con todo. Salí directo a una oficina para cancelar los servicios de agua, luz y teléfono. Allí debo dejar casi todo lo que recepcioné momentos antes.

En este caso, llevaba escrito en un papel el total de lo que debía pagar, incluyendo los centavos de Sol. La cantidad terminaba en treintisiete céntimos.

Atendía un joven veinteañero quien, luego de hacer las operaciones en una calculadora, mencionó la cifra, más cincuenta céntimos.

-- Joven, le dije, sáqueme la cuenta exacta, por favor.

-- Cuarenta céntimos, expresó.

-- ¿Está seguro…? Mire bien, insistí.

-- Bueno, pronunció refunfuñando, treintisiete céntimos.

-- Esa es la cantidad verdadera, acoté.

-- Usted es muy joven aún. Debe hacer las cosas bien desde el comienzo. Si empieza así ¿Se imagina cómo terminará…? llegué a pronunciar al tiempo que daba las gracias.

No hubo respuesta. Tampoco sé si mis palabras le servirán de algo.

Ante lo ocurrido, extraje el papel que me entregaron en el banco. La cantidad terminaba en cuatro soles y noventinueve céntimos.

Había recibido sólo cuatro soles...