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martes, 21 de septiembre de 2010

¡A UN SIGLO DEL LEGADO DE JORGE CHÁVEZ...!


Se cumplen cien años de la travesía de los Alpes por el aviador peruano Jorge Chávez Dartnell.. Dejó una sabia enseñanza para la posteridad...










Cien años de una de las más gloriosas proezas realizadas por un conpatriota en el extranjero se conmemoran el 23 de setiembre del 2010.


Jorge Antonio Chávez Dartnell, hijo de padres peruanos nacido en París, Francia, fue inscrito en el consulado de nuestro país.


Su inclinación por la aviación surgió siendo aún niño. En su juventud realizó estudios que lo convirtieron en un gran piloto.


Sin embargo, le correspondió vivir en una época en que la navegación aérea mundial experimentaba un incipiente desarrollo.


Fue cuando el Aeroclub de Milán convocó a los cinco mejores aviadores de Europa para efectuar una travesía entre Suiza e Italia cruzando los Alpes, hasta ese entonces invencibles


Algunos competidores desistieron al reto y otros abandonaron después de varios intentos. Correspondió luego al intrépido Jorge Chávez afrontar la prueba.


A bordo de su avión monoplano Bleirot XI, despegó de Briga, Suiza, superando la peligrosa Garganta del Simplón y se enrumbó hacia Domodossola, Italia, el punto final.


Con gran habilidad y superando las dificultades, cumplió la hazaña. Había transcurrido casi una hora de vuelo.


Faltando apenas veinte metros para posarse en tierra, una fuerte ráfaga de viento destrozó las alas de su nave, precipitándose al vacío.


Conducido a un hospital cercano, falleció, cuatro días más tarde, a causa de las múltiples heridas.


El periplo de Jorge Chávez es considerado como una de las grandes travesías en la historia de la aviación mundial


Muchos la comparan con el vuelo de Charles Lindberg, cuyo mérito fue unir Estados Unidos con Europa.

En setiembre de 1957, sus restos fueron repatriados al Perú. Actualmente reposan en el mausoleo de la Base Aérea de Las Palmas.


El aeropuerto internacional de Lima lleva su nombre. También se ha construido un monumento en su honor en el Campo de Marte de la capital. Trujillo aún está en deuda con él.


Sus biógrafos refieren que las últimas palabras de Jorge Chávez fueron: ¡Arriba, siempre arriba! ¡Hasta las estrellas…!


La expresión posee un profundo significado. Motiva mirar constantemente hacia lo más alto, apartándonos de lo negativo. Tratando de ser cada vez mejores.


También constituye una excelente fuente de inspiración a las personas que perseveran de manera indesmayable en lograr todo aquello que se proponen.


El legado Jorge Chávez Dartnell a la posteridad, es eterno: ¡Arriba, siempre arriba…!

jueves, 30 de julio de 2009

¿ATERRIZANDO EN LA PLAYA…?



Un Jumbo de Air France extremando su descenso sobre una playa de veraneantes cerca de la pista de aterrizaje... (Airlines.Net)

Espectacular fotografía que muestra a un avión comercial Jumbo de la compañía Air France instantes previos al aterrizaje.

Como puede imaginarse, la pista del aeropuerto se encuentra a cientos de metros de la playa.

Sin embargo, esa no es razón para que el piloto de la nave haya descendido tanto, aún a menos altura de los edificios ribereños como puede comprobarse en la perspectiva visual.

No cabe duda que tanto los equipos automáticos de altitud, como el cálculo de la tripulación, fallaron.

La desacostumbrada pericia puso en peligro tanto a los pasajeros como a los veraneantes.

Felizmente, hubo la suficiente habilidad y pericia para retomar el rumbo, elevarse un poco y enfilar sin problemas hasta el destino final.

La maniobra no pasó de un gran susto.

Pero, la escena quedó perennizada para el recuerdo por un fotógrafo que se encontraba tomando sol.

Impresionante, ¿Verdad…?


miércoles, 8 de abril de 2009

EL VERDADERO PLACER DE VOLAR…

Espectacular toma de un Jumbo surcando el espacio, con la Luna como fondo, que inspiró esta nota... (Patrick Pleul-Efe)

Uno de los medios de comunicación que más interés y emoción concita en la mayoría de personas, es la aviación.

Desde que uno sube a la nave, toma asiento, se ajusta el cinturón de seguridad y mira por la ventana, todo cambia. Incluso antes de la partida.

Continúan las orientaciones del comandante de vuelo y las aeromozas sobre las acciones a ejecutar en caso de emergencia y quedamos listos.

Mientras tanto los motores, que no han cesado de rotar, suenan un poco más y el avión comienza a movilizarse.

Suavemente y, en casi pesado bamboleo, se enrumba hasta el extremo posterior de la pista de despegue.

Al llegar, se detiene unos instantes. Como si tratara de tomar aire. Los motores alcanzan su máxima potencia y el aparato empieza a rodar cientos de metros. Cada segundo que recorre imprime mayor velocidad.

De repente, casi sin percibirlo, se constata que estamos sobre las casas, edificios, avenidas y todo lo que existe en la superficie. Hemos levantado vuelo.

Ya en el inconmensurable espacio, se viven las horas de tranquilidad plena: Parece que estuviéramos en nuestro hogar o una sala de cine. No se necesita cinturón.

Hay momentos de turbulencia que son anunciados por los micrófonos. Simultáneamente se prende una luz roja y debemos asegurarnos al asiento. Pero luego, todo pasa.

Unos conversan, otros leen y la mayoría duerme. De repente se prenden las luces y viene el esperado refrigerio servido por atentas y guapas chicas.

Pasado el instante, retorna el descanso, mientras la nave continúa devorando millas o kilómetros en búsqueda de su destino.

No sabemos cuánto hemos dormido y se siente cierto movimiento de personas. Vuelven a encenderse las luces, si es de noche y se anuncia que faltan unos cuantos minutos para llegar.

Según los expertos, los momentos más difíciles que afrontan las aeronaves son al despegar y al intentar tocar tierra.

Sube la adrenalina en alto grado. Todos estamos atentos. Vuelven a verse las construcciones, el aeropuerto y la pista que debe acogernos.

Los vacíos en el estómago constituyen la más clara evidencia que estamos descendiendo. El avión se inclina levemente a uno y otro lado de sus alas para adquirir estabilidad.

Cuando todo es horizontal, llega la hora cumbre. Pronto, sentimos que las enormes ruedas se han posado sobre la pista y rodamos sobre ella.

La velocidad disminuye paulatinamente a medida que se busca el lugar de estacionamiento de la compañía. Hasta que nos detenemos. Las azafatas agradecen nuestra preferencia y desean una feliz estadía.

Todos abren los casilleros laterales superiores y extraen sus pertenencias. Algunos se saludan por última vez, pues saben que, tal vez, jamás volverán a verse. El vuelo ha concluido…